El Legítimo Emprendedor.
Un destino insierto no tiene introducción alguna, no lleva un sendero migratorio, no tiene una estructura estable, solo lleva consigo un soñador permanente sin rumbo fijo pero con metas claras, buscando materializar sus deseos de superación, bajo una atmósfera de prejuicios, obstáculos y rechazos.
La soledad no lo perturba porque él mismo se acompaña en las noches frías de un melancólico domingo y en los días calurosos de un agetriado lunes, el hambre no le afecta porque se alimenta de nuevas estrategias todos los días y se nutre de ídeas saciando sus necesidades mediante un constante desarrollo construyendo una mejor versión de sí mismo.
Él no nesecita dormir para soñar porque él sueña despierto, solo de esa forma entenderá que en la vida hay que tener los pies sobre la tierra y la mente sobre los cielos, siempre pensando en grande pero pisando fondo.
Podrá despojarse de sus viejas costumbres que no lo conllevarón a nada, pero nunca de su humildad puesto que está lo hará llegar lejos, no ha donde siempre quizo llegar sino donde nunca pensó haber llegado.
La vida de un legítimo emprendedor no necesita vacaciones porque su pasatiempo es trabajar construyendo su propio camino, dejando huellas al andar porque siempre piensa en los demás. Así es el legítimo emprendedor soñador de nacimiento y realista de vocación.
La soledad no lo perturba porque él mismo se acompaña en las noches frías de un melancólico domingo y en los días calurosos de un agetriado lunes, el hambre no le afecta porque se alimenta de nuevas estrategias todos los días y se nutre de ídeas saciando sus necesidades mediante un constante desarrollo construyendo una mejor versión de sí mismo.
Él no nesecita dormir para soñar porque él sueña despierto, solo de esa forma entenderá que en la vida hay que tener los pies sobre la tierra y la mente sobre los cielos, siempre pensando en grande pero pisando fondo.
Podrá despojarse de sus viejas costumbres que no lo conllevarón a nada, pero nunca de su humildad puesto que está lo hará llegar lejos, no ha donde siempre quizo llegar sino donde nunca pensó haber llegado.
La vida de un legítimo emprendedor no necesita vacaciones porque su pasatiempo es trabajar construyendo su propio camino, dejando huellas al andar porque siempre piensa en los demás. Así es el legítimo emprendedor soñador de nacimiento y realista de vocación.

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